En 2019, Andrew Steptoe, en su artículo publicado en el Annual Review of Public Health, señalaba que la felicidad implica bienestar, y que este bienestar tiene dos vertientes.
Por un lado, podemos referirnos a sentimientos o estados de ánimo positivos, así como a la evitación del estrés o la depresión — una perspectiva hedónica. Por otro, si consideramos la realización del potencial personal y el cumplimiento de los objetivos de vida, nos referimos a la perspectiva eudaimónica del bienestar. Veamos para qué sirve esta diferenciación.
¿Es socialmente competente?
Si al responder esa pregunta dijiste que te sientes bien porque has conseguido algo importante para ti, o porque mantienes relaciones sociales o de pareja recíprocas que te hacen feliz, probablemente eres una persona independiente y socialmente competente.
Pero ¿y si solo eres feliz cuando tu pareja u otras personas relevantes para ti son felices? En ese caso, podrías estar manifestando una dependencia emocional.
Las personas dependientes no son felices por sí mismas: manifiestan un apego dependiente de otras personas a las que idealizan y buscan agradar. Esto las lleva a someter sus propias necesidades a las del otro.
La raíz de esta dependencia puede estar en un aprendizaje social incorrecto en las relaciones humanas — desde un apego inseguro en la infancia, hasta una actitud de sumisión promovida por estereotipos sociales.
Roles sociales masculinos y femeninos
La teoría de la congruencia de rol de Alice H. Eagly señala que ciertos roles sociales se consideran más propios de un género u otro, siendo la sumisión o la modestia más valoradas en las mujeres. Este estilo sumiso produce también un estilo comunicacional más pasivo y mayor dependencia a la hora de tomar decisiones.
Entre esas decisiones está la de mantener relaciones de pareja. Las personas dependientes suelen relacionarse dando más importancia a los deseos del otro que a los propios, y una dependencia excesiva puede actuar como un factor que incrementa la tolerancia a relaciones abusivas.
Estas relaciones abusivas suelen derivar en violencia de género cuando quien maltrata percibe el poder que tiene sobre su pareja dependiente. De hecho, la evidencia muestra que tanto la dependencia económica como la emocional incrementan el riesgo de sufrir violencia, y reducen la probabilidad de denunciar o de terminar la relación.
Como consecuencia, quienes viven esta dependencia emocional suelen presentar ansiedad, depresión, pensamientos obsesivos y baja autoestima, y son más propensas a repetir este patrón en distintas relaciones. Por eso, cuando nos preguntamos por qué alguien no dejó antes una relación violenta, muchas veces estamos culpando a la víctima de una situación en la que, psicológicamente, no tenía la fortaleza suficiente — precisamente debido a esa dependencia emocional que la hace creer, una y otra vez, que si su pareja es feliz, todo irá bien.
Detalles que aparecen durante la juventud
Distintas investigaciones han analizado qué elementos promueven relaciones negativas y dependientes desde edades tempranas. Los estudios en parejas jóvenes muestran que la violencia ocurre con frecuencia, y puede expresarse de distintas formas: física, psicológica y sexual — siendo la psicológica la de mayor prevalencia.
Este tipo de violencia también ocurre a través de dispositivos móviles y nuevas tecnologías, que permiten a quien agrede ejercer mayor control sobre la víctima, haciéndola más vulnerable y dependiente.
Una violencia que no se percibe desde dentro
A pesar de las alarmantes cifras de jóvenes que experimentan violencia en su relación de pareja, las investigaciones muestran que quienes están dentro de la relación frecuentemente no perciben esa violencia — confundiendo comportamientos abusivos con muestras de afecto.
Conductas normalizadas
La dependencia emocional juega un papel central en esta normalización: conductas que se interpretan como amor o lealtad pueden derivar en una relación coercitiva o incluso violenta, que puede mantenerse hasta la edad adulta.
Una persona puede permanecer en una relación insatisfactoria debido a esta alta dependencia, creyendo que cubre necesidades que no podría satisfacer en otra relación. Comprender estos elementos permite intervenir para fortalecer la resiliencia y la inteligencia emocional, y reducir emociones como la culpa o la vergüenza asociadas a esta dependencia.
Celos y control
También hay hombres que, en menor proporción, manifiestan dependencia emocional de sus parejas — expresada muchas veces a través de los celos y el control, como una forma de sostener la relación por temor a perderla.
Por eso, trabajar la inteligencia emocional también en los hombres es importante: la evidencia muestra que este patrón tóxico se reduce cuando mejora la capacidad de atender, comprender y regular las propias emociones.
Este contenido se basa en las investigaciones de Esther López-Zafra y Antonia Lorente-Anguís, publicadas en el sitio The Conversation.